Mientras caminaba por su huerta
Empezó a notar que las rodillas se le doblaban,
Que la vista se le nublaba,
Que la fuerza le abandonaba a cada paso
Que sus, ahora torpes, pies daban en la tierra.
Ni siquiera pudo pensar en sentarse
Cuando cayó de bruces al piso
Dejando su rostro lleno de tierra.
Empezó a pedir ayuda,
Pues de verdad no podía más con su cuerpo
Y le era imposible levantarse.
Tenía que lograr pararse del piso,
Era tarde; debía estar labrando la tierra
No estar acostado sobre ella.
Entre medio de sus gritos casi inaudibles;
Sintió el ruido sordo de unas pisadas
Sobre las hojas secas de los árboles.
con la fuerza que le quedaba, levanto la mirada
y de buenas a primeras no dio crédito a sus ojos.
Encapuchada, ahí frente a él... estaba la muerte.
- Qué haces aquí?? Le preguntó asustado el hombre.
- He venido por ti, te ha llegado la hora -- respondió la otra.
El hombre alcanzó a emitir un ruidito que semejaba a una risa.
- Debes haberte equivocado. Soy muy joven, no tengo vicios,
Tengo una esposa y tres hijos. Te equivocas, no me ha llegado la hora.
- Sí... puede que me haya equivocado... pero tú no se lo dirás a nadie.
Tres horas más tarde, lo encontraron muerto




0 lectores ya opinaron:
Publicar un comentario